El gato de Cotrina (mis experiencias en la Wizardcon)

 

cotrina

*Traducción: Me encanta como escribes, ¿dónde puedo comprar tus otros libros? / ¡Vas a alimentar a mi gato!/ Oh, perfecto… / “Muy delgado” / “Gordo”.

Esta es la primera entrada del blog que voy a hacer en español, pero ya veréis por qué. Aunque en realidad tenía pensado desde hace mucho la idea de acabar mezclando idiomas en el blog, inglés por un lado pero también mi lengua nativa, que ya se sabe que la comida que mejor sabe es la de casa, y el idioma que uno aprendió gateando el que se lleva en el corazón… (o no, que yo estudio idiomas también por amor, pero eso es para otra entrada).

De este fin de semana no esperaba mucho. Iba a acompañar a mi hermana a la Wizardcon, un evento que se ha celebrado en Madrid este año y que estaba centrado en las series de televisión (tipo Juego de Tronos) y la fantasía en general. ¿Habéis estado? ¿Os habría gustado ir? ¿Véis Juego de Tronos? Y si queréis saber mis aventuras por allí (que fueron muchas y muy entretenidas) seguid leyendo…

 

tronodehierroLo primero de todo es que te podías sacar una foto en el Trono de Hierro. Para quien no lo sepa, este es precísamente el objeto por el que se mata todo Dios en la serie de Juego de Tronos, el codiciado asiento en el que absolutamente todos quieren alojar sus posaderas. Y está complicada la cosa, porque un anillo se puede robar más o menos fácil, se desliza con disimulo en un bolsillo y ya… ¿¡Pero como te llevas semejante silla hecha de puntas de espada y lanzas sin que nadie lo note!? Aunque ahora que yo ya me he sentado reconozco que una se siente poderosa ahí arriba, ya lo creo…

El evento estaba muy bien, especialmente porque yo detesto las aglomeraciones del Expomanga o la Expocómic, pero en este caso se celebraba en un hotel con aire acondicionado, salas espacios, un lugar chulísimo para comerse los bocadillos, unos baños limpios y que siempre estaban disponibles… el paraíso de las expos, no os engaño.

Y lo más importante (que no fue comprar en los stands que había): la oportunidad de conocer a gente de lo más interesante. Pero iremos por partes.elfindelossueños

En primer lugar tuve el inmenso privilegio de compartir dos mesas redondas y una charla con mi escritor favorito en español (vivo) que es José Antonio Cotrina, el único artista por el que me tragaría yo una hora y media de cola bajo un sol abrasador en la Feria del Libro (sucedió realmente, ya lo conté aquí). Y no estaba solo, Gabriella Campbell lo acompañaba. Ella ha escrito con él un libro de lo más original, El fin de los sueños, que no me duró más que dos días y medio (y porque hice el esfuerzo de no gastarlo demasiado rápido, que si no en una noche me lo habría fundido). Tengo que hacer una reseña del mismo próximamente… pero está tardando porque la va a acompañar un dibujo, pues ya que la novela viene sin ilustraciones, le voy a poner las mías.

gabriellacampbell

Gabriella Campbell

Pensaba que una mesa redonda iba a consistir en ellos hablando sentados en una mesa sobre tarima y nosotros (el público) relegados a los típicos asientos de conferencia. Pero nada más lejos de la realidad. Mesa redonda fue sentarme en una mesa (redonda en forma y aspecto) con estos dos artistas y demás gente que quiso participar. Qué vergüenza me dio al principio, que yo para estas cosas soy terrible (¿os he hablado de mi tartamudeo esporádico?). Cuando veo a alguien a quien admiro me empequeñezco hasta ver a las hormigas como caballos. Sin embargo, pudo más mi interés que las toneladas de recato innecesario y pegajoso y fui, y repetí y todo al día siguiente (en mi defensa diré que no fui la única).

Jose Antonio Cotrina

J. A. Cotrina

Fue un absoluto privilegio poder sentarme al lado de estas personas a las que admiro, hablarles de tú a tú… preguntarles por lo que escriben, contarles que tal o cual escena me hizo estremecerme, escucharles hablar sobre sus experiencias o como llegaron a crear todos esos mundos y personajes… Y he de decir que al finalizar me sentí muy agradecida. Primero porque tanto Gabriella Campbell y Cotrina son no solo dos artistas bendecidos por las musas sino también dos personas muy agradables, humildes y cercanas. Aprendí mucho de sus consejos, pero sobre todo me inspiraron como persona… un maratón es algo muy complicado de correr, ya que pone al límite las fuerzas humanas. Pero si ves a alguien que lo ha conseguido y te lo cuenta sin darle más importancia que la que merece, te da por pensar, “y si…” y ya se sabe que las ideas muchas veces acaban por materializar cosas. Y una de las cosas más importantes que  estos dos escritores dicen a menudo, es que escribir es una disciplina, algo que tienes que intentar un día sí y otro también. Y a algunos os parecerá una obviedad, pero yo me he pasado veinte años de mi vida pensando que necesitaba que me visitaran las divinas musas griegas o que tenía que ser como Rimbaud para escribir (beber mucho alcohol, liarme con poetas simbolistas, drogarme, protagonizar escándalos públicos y todo eso antes de cumplir veintiuno).

Cotrina cuenta que él y Gabriella tienen un acuerdo de escribir doscientas palabras todos los días. No importa si uno está enfermo, si no le sale de las narices, si no tiene páncreas, si le persigue un vírago asesino, si un bebé muerto sin cabeza está reptando por el teclado de su ordenador en el momento justo en el que iba a cumplir su propósito… Amigas y amigos, dejaos de excusas. Escribir es como tocar el piano, o hacer abdominales, hay que hacerlo todos los días para mejorar. Así que no hay que ser vagos (me incluyo). Yo ya he empezado a hacerlo, y aunque sean las doscientas palabras más penosas en la historia desde que la humanidad inventó la escritura, no pienso contenerlas en mi pluma por más tiempo. ¿Os animáis al reto? (Y para quien quiera más ánimos e inspiración, queda recomendadísimo el blog de Gabriella, podéis deleitaros leyéndolo aquí).

Y mil gracias a Cotrina y a Gabriella por su amabilidad y por dedicarnos tanto tiempo. ¡Que vuestra imaginación siga siendo tan fértil como el Amazonas!

 

cuentos-del-japon-ocultoPor otro lado, también me hice con un libro. Yo suelo tirar más de biblioteca, por eso de que los libros son caros y además, no suelo encontrar cosas en las librerías que me llamen verdaderamente la atención hasta el punto de pagar por ellas, es lo que tiene eso de que tu madre te cuente (literalmente) cada noche una historia cuando eras cría, al final te sabes tantas que las cosas te suenan repetidas y lo repetido, pues aburre. Pero, sin embargo, cuando paseaba por los stands, un libro llamó mi atención, especialmente por dos palabras en su título “Japón” y “oculto”. Me gusta pasar miedo y me gusta el país del sol naciente, así que qué queréis que os diga, Cuentos del Japón oculto parecía haber sido escrito para mí. Y además de contar con una cuidada edición (garantía de que no se me iba a desmenuzar mientras lo llevo de acá para allá en el tren, el 45% de mi vida transcurre en un tren) lo abrí y… ¡oh maravilla! contaba con ilustraciones… Soy una gran defensora de los libros con ilustraciones, también los libros para adultos. Que sí, que ya sé que la gracia de leer es imaginarte tú mismo los personajes, pero el talento plástico de muchos artistas y muy buenos compensa de sobra estas ganas nuestras de verlo todo “a nuestra manera”. Y los dibujos que vi en este libro eran de lo más perturbadores (fijaos bien en la portada si no) así que me terminó de convencer. Todo esto sin mirar el precio, que encima (aunque esto lo averigüé en el momento de pagar) era de lo más competitivo, 18€, y hasta me regalaron una bolsa de tela con uno de los dibujos chungos de libro impreso… en serio, ¿alguien da más? (Para los curiosos o los envidiosos, aquí dejo el link de la editorial Taketombo para que le vayáis echando un vistazo al catálogo).

sachiko-ishikawa-big

Pero lo más importante es que me lo llevé firmado por su autora, Sachiko Ishikawa, una chica guapísima y simpática, que escuchó mi tímido japonés y además me hizo una dedicatoria que me llegó al alma y que ya compartiré con vosotros cuando haga reseña de su obra. Al día siguiente, la editorial Taketombo organizó otra mesa redonda y yo, que me había perdido la presentación del libro, acudí sin dudarlo. La charla que allí mantuvimos fue muy estimulante: compartimos cosas sobre japón, pude probar in situ una demo de una aplicación que están desarrollando para aprender japonés (y así descubrí que podré saber mucho de gramática japonesa, pero mi talento a la hora de desenvolverme en los juegos… brilla por su ausencia) y como no, seguir preguntando a Sachiko Ishikawa sobre sus experiencias literarias.

Así que mi fin de semana no estuvo marcado por el calor, si no por la amabilidad de personas que me alumbraron con su inspiración por la literatura. Así que ahora puedo decirlo alto y claro, sí, los 16€ que pagué por la entrada doble a la Wizardcon han merecido (y mucho) la pena. ¡A eventos como estos tengo venir más a menudo!

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