“Bien Pegao”, o la venganza del chicle

chicle

Translation: “It’s so hot… Why do they switch the air conditioner off in this cinema ?” / “Stuck!!” / “The chewing gum, I mean, I’ve let it stuck in the seat, he, he” / “Niceee! Revengeee!” / “B-but… How could you? What if it was you who sat there?” / “The chewing gum is under the seat” / The chewing gum says “bye”.

Naturalmente nos sucedió de verdad. Estábamos en los cines Renoir Princesa, en Madrid, viendo Un largo viaje (un título estúpidamente cursi para una película que se llama realmente The Railway Man, es decir, El hombre del ferrocarril). railwayman1

Ese día hacía mucho calor en Madrid, como es natural cuando soplan los vientos africanos en la capital… pero los del cine planeaban asesinar a los pobres desdichados que se aventuraran en las profundidades de sus diminutas salas, cuales ratoneras apestosas. Y es que apagaron el aire acondicionado, y se quedaron tan anchos. Claro que, cuando en la pantalla salían los desgraciados personajes construyendo el ferrocarril de la muerte (una línea de tren maldita cerca de Tailandia), sudando a mares bajo las inclemencias del clima tropical de la selva y la Kenpeitai japonsea, pues una servidora empatizaba con ellos, casi forzosamente, debido a las terribles condiciones de la sala.

La película, por cierto, no está mal. No deja de ser excesívamente acaramelada en algunos puntos, pero por otro lado la historia conmueve (está basada en una historia real) y está bien contada, con un mensaje claro y potente. Además, Colin Firth es un excelente actor, y para sus años, me parece que está bastante guapo, algo que no puedo decir de Nicole Kidman, que desde la película de Australia (que nunca terminé de ver, demasiado larga, ni siquiera la perspectiva de ver a Hugh Jackman sin camiseta me animó) sigue con la misma cara de muñeca de plástico (¿será por el botox?) y unas manos que, comparadas con la brillante piel del rostro, dan miedo de lo arrugadas que están (aun no han inventado tratamiento estético para las manos… fallo). Por no mencionar las caritas del actor japonés que interpretaba al oficial de la Kenpeitai de joven, que sabía pasar de la frialdad psicópata a la monería de un cachorrito abandonado en cuestión de segundos (en serio, parece ser que todo los japoneses tienen  la capacidad de invocar al espíritu de lo kawaii cuando se lo proponen). ¿La recomendaría? Sí, está bien para el verano, y además se pueden ver los trenes ingleses, que me encantan y recomiendo (por lo nostálgico de viajar en ellos).

Si te pilla uno de estos japoneses, estás perdido.

Si te pilla uno de estos japoneses, estás perdido.

Pero, por favor, no os paséis por los Renoir Princesa en verano, o si lo hacéis, preguntad si tienen aire acondicionado antes de pagar la (encima) sofocante cantidad de nueve euros, porque una vez estéis encerrados dentro de la ratonera, la suerte está echada, y el encargado del cine es otro Kenpeitai sin sentimientos que no va a sentir ni la más mínima empatía hacia vosotros cuando le contéis lo desagradable que es estar encerrado en una habitación bajo tierra, dos horas y pico, y sin aire acondicionado en plena ola de calor. Avisados vais.

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