Sores Gate Rash

abuelis

 

El otro día mi querida hermana dijo muy ufana ella que no prefería joven a malvivir como vieja, y se quedó tan ancha. No es de extrañar, yo muchas veces (de adolescente) he dicho cosas similares. Bueno, la verdad es que yo tenía en mente algo tipo el vampiro Lestat, eternamente joven, revoltosa, seductora… a mi bola, vaya. ¿Y qué tenía que ser siempre de noche, a caballo entre Nueva Orleans o San Francisco? Pues tanto mejor…

La edad parece ser un tema tabú en la sociedad, ya desde que empecé a cumplir los catorce o quince comencé a sentirme “vieja” y que yo recuerde poquísima gente de mi entorno se alegra de cumplir y años (y por el momento todos somos indiscutiblemente “jóvenes”… ¿qué nos ocurrirá a los cuarenta?). Me pregunto si esto es algo cultural, pues constantemente estamos reemplazando cosas en cuanto se gastan mínimamente, y a veces ni eso. No lo critico, simplemente es lo que hay, las bases del mercado y todo, pero creo que lejos han quedado los años en los que la gente se enorgullecía y cuidaba los objetos antiguos (y tal vez, por ende, a las personas ancianas también).

Pero no voy a negar que a veces miro a las personas mayores y me dan pena. Me imagino que debe ser una especie de castigo divino, estar encerrado en tu propio cuerpo, sentir la mente ágil pero los huesos cansados… Depender de otros para hacer casi cualquier cosa, volver a una especie de infancia tras haber conquistado a través de la vida diversos trofeos como una casa, un trabajo estable, una familia…

Además, mi hermana no es la única que dice (tal vez a la ligera, tal vez en serio) que no quiere llegar a vieja. Yo tenía una compañera de universidad que repetía constantemente que, en cuanto cumpliera cuarenta, se pegaría un tiro, y nadie se indignaba, más bien yo creo que simplemente intentábamos fingir que veinte años no pasarían nunca.

Pero cuando lo dijo mi hermana, me sentí repentinamente triste, pues me imaginé un futuro lejano en el que yo estaba vieja… y sola. Y no me hizo ninguna gracia, así que la cogí por banda en cuanto pude y le dije:

-Oye, podríamos ser unas viejas marchosas, ¿no? Podríamos llevar ropa de viejas, andar lento… ser chismosas, sacar a pasear nuestros gatos sobrealimentados con botines para proteger sus zarpitas… sería divertido, ¿no?

Si el tiempo tiene que devorar todo lo que alguna vez hemos construido, que nos trague de dos en dos.

 

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