Ana en el muelle mientras un barco nos amenaza

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Me encanta hacer retratos. Cuando alguien se deja pintar, es maravilloso. Agarro el lápiz y es como si me montara en en una escoba y empezara a sobrevolar la geografía de aquella o aquel que tengo delante. Cuando pinto a alguien, siempre la o le encuentro hermoso. Esa es también la maravilla de conocer a las personas: generalmente, cuanto más las conoces más las respetas y las quieres.

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Gambas al ajillo

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A veces los placeres de la vida son los más sencillos. Por quince euros puedes comprar la felicidad en forma de un cuenquito de cerámica en el que descansan unas gambas fritas con deliciosa salsa de ajo, un premio especialmente sabroso después de un largo viaje en tren de cinco horas y media, la inquietud de haberse bajado en la parada de autobús que no era, el hecho de arrastrar dos maletas por una avenida infinita de Santander, General Dávila, y luego tener que subir cinco pisos con las susodichas… para que al final del día el cielo se ennegrezca y la lluvia cubra de humedad uniforme todo el posible atractivo turístico de la capital de Cantabria, de manera que lo más importante ya no es ir al Sardinero, sino evitar mojarse las sandalias o los pantalones cortos que una traía de Madrid.

Así pues, vivan las gambas al ajillo, aunque cuesten lo suyo, porque tomársela en un garito playero (aunque no haga tiempo de corretear entre las olas) una noche de domingo a las tantas y rodeada de amigos, eso, queridas y queridos lectores, no tiene precio. Admiro a las personas que saben encontrar la felicidad en los pequeños detalles, esa gente que se deja llevar por la vida con calma, como una hoja que navega en el río, con la verde superficie intacta, cabalgando ondas, suspendida con aparente desinterés sobre profundidades para otros mortales.

Ella (Ana) comía, yo dibujaba. Aunque al final la lluvia arruinara en parte mi dibujo, creo que las dos disfrutamos con lo nuestro. Y ya sabéis, si vais por Santander, no os olvidéis de las gambas. Happiness has no price.

El increíble e inolvidable castillo de Liencres

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Translation: Excuse me madam, do you know where is Liencres castle? // It’s in Monte Picota… // Yes, well, is not that one around the mountains? But you’d better go to the beach… there’s a nudist one… and how about going to Santander? // We come from there… // Oh! But… then… why didn’t you go to the cinema??

Hay un hermoso pueblecito a media hora de Santander, cuyo nombre es Liencres (no dejé de confundirlo con la palabra “liendres” en todo mi camino hacia allí…) donde, una fresca tarde de Agosto, dos compañeras de azares y yo decidimos aventurarnos…

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Vértigo y nos vamos

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Translation: 1. “MC is afraid…” / “Segovia’s Alcazar” / Follow me! / It’s sooo hot / “La Zorra Shortcut” / 2. It’s OK, I’m just a bit dizzy… I’ll go down without looking around / But… are you sure? / The sooner I get down there the better / 3. No!! I cannot do this!! I feel DIZZY!! / “She grips hard” / Hey, come here, MC cannot do this! / Whaat?

 

Nos ocurrió de verdad. A veces me parece que lo más bonito de viajar no es llevarse la cámara de fotos, sino contar con dibujos (en mi caso personal) lo que a uno le pasa. Siempre me ha parecido muy entretenido dibujar, a mí regalaban pinturas y acuarelas como si fueran juguetes, y así los usaba yo entonces (y sigo haciéndolo) para relajarme, pasar el tiempo… Y en este caso, para recordar. ¿Qué usáis vosotros para fijar en la memoria los instantes más felices o curiosos? ¿Tenéis cámaras buenísimas con las que realizar fotos que podrían estar National Geographic? ¿Preferís la comodidad de las cámaras en el móvil o en la tablet? ¿Alguien como yo dibuja…?

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El fin de los sueños

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Voy a inaugurar una nueva sección en este blog, y es que, a partir de ahora, cada mes, reseñaré un libro especial que me haya llegado alma, un libro que me inspire lo suficiente como para escribir de él e incluso dibujar. Mis palabras nacen siempre de la nada, pero mis dibujos se construyen a partir de mi deseo de reflejar dichas palabras… Libros que reflejan, como espejos, nuevos mundos a los que asomarse, sí, de eso se trata. Libros-espejo, Empezaré pues con uno de mis favoritos que leí allá por mayo…

El fin de los sueños, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

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(Aviso que esta reflexión sobre la obra está hecha con fines puramente ociosos y desde mi opinión subjetiva como lectora de la misma, además, contiene algunos spoilers, pero eso sí, debidamente señalizados).

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